martes, julio 08, 2008

¿Meritocracia o mentirocracia?

La meritocracia (del latín mereo, merecer, obtener) es una forma de gobierno basada en el mérito. Las posiciones jerárquicas son conquistadas en base al mérito, y hay una predominancia de valores asociados a la educación y a la competencia. Países como Finlandia y Suecia tienen sus aparatos burocráticos basados en este principio y como resultado de ello, el Estado puede mostrar niveles de eficiencia y eficacia comparables o superiores al del sector privado.

Según el Departamento Administrativo de la Función Pública, la meritocracia tiene como propósito fundamental vincular en las entidades del Estado a los mejores funcionarios, garantizando la transparencia y la igualdad de oportunidades para seleccionar por sus méritos a los aspirantes a los cargos públicos. No obstante, las promesas e intenciones, la convocatoria No. 001 de 2005 ha sido una gran falacia. Es la idea que ronda en la cabeza de aproximadamente 620.000 personas que se presentaron a las pruebas realizadas en diciembre de 2006.

De inmediato empezaron las triquiñuelas y demandas de los que veían afectados el interés personal de continuar en un cargo público. El argumento de los funcionarios, apoyados por algunos sindicatos y fuerzas políticas de diferentes vertientes, se basa en que no es culpa de ellos que el Gobierno no los haya convocado a concursos para ingresar a la carrera administrativa y que por esta razón ya cuentan con el derecho a la estabilidad laboral. El argumento no se basa en la calificación para ocupar el cargo o en la calidad de su desempeño, lo cual seria admisible. Es justo garantizar el empleo a las personas que lo necesitan, pero este criterio amañado es cuna de ineficiencia y causa principal del pobre desempeño de las empresas públicas; en contradicción con el sistema basado en el mérito, donde las personas más capaces tienen la oportunidad de demostrar sus competencias. Pero en Colombia, un país mediado por el clientelismo y la corrupción es casi imposible creer en tal propósito.

Hoy casi después de tres años, no se ha provisto el primer cargo. De los 65.000 empleos seguros que prometía la convocatoria, con las maniobras y la gestión de grupos de poder, solamente quedan unos 10.000 y muy seguramente, al final no se oferten todos, pues algunas entidades públicas han sido renuentes a enviar el listado de cargos al DAFP.

El Congreso aprobó un proyecto de Ley que declara que los funcionarios con nombramientos en provisionalidad que trabajaran para el Estado desde el año 2004 podrían seguir en sus cargos sin presentarse a concurso. El proyecto de Ley fue devuelto al congreso, después de que la procuraduría solicitara al presidente no sancionarlo por inconstitucional. Lo que buscan los partidos, sin importar su ideología, es mantener sus cuotas burocráticas y los cargos que con componendas han logrado conseguir para sus clientelas. Es la base de una democracia enferma que nos lleva a niveles inaceptables de desigualdad. Si se quiere avanzar en competitividad es necesario ponerse al nivel de las reformas que actualmente están haciendo curso en el mundo. Lo público puede ser eficiente si se ataca el clientelismo y las formas medievales de negociación de puestos y contratos.

http://javierfierro.wordpress.com

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jueves, abril 19, 2007

¿Que pasa con el empleo?

Muchos se han hecho esta pregunta y con gran suficiencia aducen que no hay que darle credibilidad a las cifras del DANE. Que la prosperidad de la economía es más que suficiente para que se genere empleo para todos los colombianos. Que el asunto se debe al cambio de la metodología que ahora si muestra la realidad que antes escondía. Hay que optimista pero no tan simplista.

Valdría la pena hacer un examen a las cifras y con seguridad podrían advertirse las razones de la aparente inconsistencia. El crecimiento económico del país es medido de manera global, algunos sectores pueden crecer más que otros e inclusive algunos pueden decrecer. Es una cuestión estadística que confunde y no deja analizar los componentes del todo. Lo que está pasando es que mientras que los activos del sistema financiero crecen a altas tasas, la inversión de las multinacionales aumenta, la construcción se dispara y el comercio vive su agosto; hay otros sectores, por ejemplo, el sector agropecuario, la industria y las manufacturas de las pequeñas y medianas empresas que no presentan el mismo comportamiento. Igualmente hay que advertir que la disminución del área sembrada, el conflicto armado y el control a los cultivos de uso ilícito, generan distorsiones que afectan el empleo rural.

El crecimiento de los ingresos de las grandes empresas, las nuevas inversiones de las multinacionales y el aumento de los activos del sector financiero no necesariamente generan más empleo. Es más, principalmente estos sectores aumentaron sus utilidades aprovechando la disminución de gastos operativos, gracias a las políticas de flexibilización laboral, sin generar nuevos empleos. El comercio y los servicios, en auge actualmente, tienden a generar empleos temporales y de mala calidad. Ello explica en parte la alta tasa en informalidad. El sector de la construcción, apéndice del sector financiero, si es bueno generando empleos, pero genera empleos cuyos salarios resultan inferiores al mínimo. Los sectores importantes en la generación de empleo están estancados.

Es necesario apuntar a la generación de muchos empleos y de buena calidad. En nuestra región los sectores generadores de mayor cantidad y calidad de empleo han permanecido deprimidos, pero con gran potencial. La industrialización de la producción actual, la transformación de nuevas materias primas y el aprovechamiento de la fuerza productiva de los trabajadores informales y los jóvenes profesionales puede ser la punta de lanza de una estrategia integral para la generación de empleo. Se requiere conquistar grandes inversionistas para establecer un gran parque agroindustrial competitivo, hacer inversiones públicas honestas, eficientes y estratégicas; hacer marketing territorial, promover una mayor responsabilidad social empresarial y activar microfinanzas para nuevos emprendimientos. Todo esto acompañado de la formación de capital humano pertinente, conocimiento e información detallada de los mercados, preparación empresarial e inversiones en ciencia y tecnología. Pero lo más importante es generar un sentido colectivo de pertenencia y capacidad. Una energía grupal que sea contagiosa y logre sacarnos del paternalismo, la indolencia y la dependencia.

http://javierfierro.wordpress.com

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